El idealismo de Kimetsu no Yaiba

Kimetsu no yaiba

Kimetsu no Yaiba es un mundo que te atrapa. Eso ya dice mucho del anime. Cuando creas una obra de ficción hay varios elementos a los que debes prestar atención: los personajes, la ambientación y, por supuesto, el mundo. Si consigues crear un universo que se sienta vivo, donde los personajes también se sientan así, ya has hecho la mitad de la faena.

El magnífico manga de Koyoharu Gotōge que recibió una adaptación al anime el año pasado, ha supuesto un nuevo paradigma para el shonen japonés. Todos los shonen se basan en elementos muy similares: sus personajes son idealistas, tienen «supertécnicas» muy vistosas con nombres alucinantes y tratan la lucha del bien contra el mal. Además, suelen tener un público objetivo adolescente, aunque esta franja de edad se trasciende muy fácilmente.

Si este anime ha triunfado tanto como lo ha hecho, ha sido por la perfecta cohesión que tienen los 3 elementos que hemos nombrado anteriormente. Pero, a esto, se le suma lo distinto que son los protagonistas de Kimetsu no Yaiba.

El mundo allí fuera es duro y hostil

Nos encontramos en el Periodo Taisho (1912-1926) en Japón. La historia comienza cuando Tanjiro Kamado, un joven huérfano de padre que vive en las montañas con su madre y hermanos, decide como todos los días emprender la labor de la familia. Es carbonero. A pesar de que ha tenido que ocuparse de su familia desde que una enfermedad se llevó a su padre, es una buena persona. No gana mucho, pero siempre ayuda a todo el mundo con lo que puede. El pueblo le quiere y respeta. Además, tiene un gran olfato.

Para Tanjiro, no existe nada más que su trabajo y su familia. Eso es todo lo que le importa. La gente supersticiosa cuenta historias sobre demonios que devoran a la gente, y para él es solo un cuento de viejas. Qué engañado e ingenuo fue. Durante una intensa jornada de trabajo, se le hace de noche y un gentil aldeano decide cederle su casa para pasar la noche. Lo aprecia mucho como para que le suceda algo por los caminos de montaña durante la noche. Y más con la nevada que cae.

A la mañana siguiente, retoma su actividad y vuelve a su casa para ver qué había sucedido. Con su gran olfato, a una gran distancia huele a sangre y miedo. Se teme lo peor. Al llegar toda su familia está muerta o eso piensa él. Examinando los cadáveres ensangrentados de su familia encuentra que su hermana, Nezuko, todavía sigue viva, pero no como le gustaría.

Cazadores de Demonios

Su hermana empieza a atacarlo. Tiene la mirada perdida, y unas garras y dientes muy intimidantes. Tanjiro huye por el bosque e intenta defenderse de su hermana con el hacha con la que corta los haces de leña. Entonces, aparece lo que parece un joven espadachín, Giyu Tomioka, que se dispone a acabar con Nezuko, que se ha convertido en un demonio.

Tanjiro se interpone entre Nezuko y Giyu porque sigue pensando que su hermana sigue estando dentro de ese demonio que lo ha atacado. Giyu sin mucho esfuerzo logra abatir a Tanjiro a pesar de sus triquiñuelas. Tomioka se siente conmovido por la acción de Tanjiro, que está dispuesto a dar la vida por su hermana, y le grita: ¡No le des nunca a nadie la oportunidad de matarte! Giyu Tomioka, que respeta el valor de una vida humana, le dice que se haga fuerte, encuentre al asesino de su familia y, quizás así, logre regresar a su hermana a la normalidad. Para ello, tendrá que unirse a la asociación de Cazadores de Demonios, pero no será nada fácil. Esto articula la trama de Kimetsu no Yaiba.

La importancia de una fuerte resolución

Después de mucho entrenamiento, consigue dominar la respiración elemental (el plato fuerte del anime) para hacerse más fuerte, no sin antes encontrar la motivación para seguir hacia delante. Su hermana se convierte en el único faro que guía las acciones de su vida. Tanjiro se hace fuerte, pero su naturaleza amable, cálida y misericorde nunca cambia. Sabe que va a tener que matar demonios para encontrar el camino a la salvación de su hermana.

No obstante, no siente odio contra ninguno de esos demonios. Él conoce la verdad: antes fueron humanos. Y ahora se han convertido en demonios en contra de su voluntad. En la naturaleza del demonio está el matar a otras para alimentarse. Ya no son personas, ni se comportan como tal. Así que Tanjiro siente lástima de esos pobres demonios. Cada vez que acabe con uno, lo hará con calma en su corazón y deseándoles que puedan reencarnarse en una vida mejor.

Kimetsu no yaiba gif

Esto puede ser así para Tanjiro, pero no podemos olvidar que estos demonios son asesinos despiadados (salvo su hermana, que nunca matará a ningún ser humano). En Kimetsu no Yaiba, estos demonios han vivido y se han alimentado de muchas personas inocentes durante muchos años, y este es un crimen que no podemos perdonar.

La piedad como forma de vida

En el universo de Kimetsu no Yaiba, la asociación en las sombras de Cazadores de Demonios se dedica a acabar con estas criaturas antinaturales para mantener el orden y que reine la calma. Las personas desconocen que se esté librando una batalla, a veces hasta una «mascarada», entre humanos y demonios. Los cazadores son gente con unos ideales muy fuertes de proteger a la humanidad, pero hay que cuidar esta parte.

Al igual que le podría pasar a un soldado en una batalla, cuando has asesinado a muchos, puedes acabar viéndolo como un hecho común. Matar antes de que te maten. Acabas deshumanizando a la gente a la que matas. Hay que recordar lo que dijo el filósofo Nietzsche en una ocasión: «si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada».

Si sigues por el camino de la masacre, aunque tus fines sean buenos, puedes acabar perdiéndote en este abismo. Por eso, el personaje de Tanjiro es tan importante. Nunca pierde de vista por qué caza demonios, y siente piedad de esas pobres almas que han sido condenadas a una vida de asesinatos. Muchos de ellos, cuando Tanjiro les corta la cabeza, sienten alivio. Él lo sabe y acaba con su sufrimiento de la forma más indolora posible, porque quiere ver un atisbo de luz dentro de toda oscuridad. Sabe que por fin los ha liberado, y que es el responsable de convertirlos en demonios quien debe pagar por estos pecados.Nezuko Kamado Kimetsu no Yaiba

Viajará mucho y quizás no encuentre una respuesta, pero siempre se mantendrá firme en sus convicciones. Es piadoso, siente compasión hacia los demonios. Por mucho que se tuerzan las cosas, siempre deberá recordar esta lección y por quién lo está haciendo. Es una lección que nos deja Kimetsu no Yaiba.

Recordad, queridos lectores: respetar los ideales que buscan la justicia y el bien común nos hacen mejores personas.

 

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