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El Señor de los Anillos: La Edad de los Árboles

Edad de los Árboles

La semana pasada empezamos este repaso por la historia anterior a los acontecimientos de El Señor de los Anillos, obra de J. R. R. Tolkien. Si estás aquí y no le has echado un vistazo a la primera parte te recomiendo encarecidamente que lo hagas. En esta ocasión vamos a centrarnos en la primera de las edades en la historia del mundo fantástico del británico, la Edad de los Árboles.

Antes de comenzar se debe decir que todo lo que aquí se recoge está escrito en El Silmarillion la recopilación de libros del autor publicada de forma póstuma por su hijo, Chistopher Tolkien.

Lo último que aconteció antes de esta era fue el origen de los Dos Árboles de luz de Valinor, plantados por la Valar Yavanna. Estos son los encargados de dar luz a todo el territorio de Valinor, evitando así la oscuridad perpetua del mundo.

Los Dos Árboles

Una vez comienza el cómputo del tiempo, lo primero que aconteció fue la creación de los enanos por parte de Aulë, uno de los Valar. Solo creó las carcasas, por así decirlo, pues no tenía poder para poder otorgarles vida.

Creación de los enanos

Fue entonces cuando Ilúvatar se enteró de la creación de estos seres y decidió darles vida e inteligencia. Pero aún no habían llegado los verdaderos huéspedes del mundo que había creado. Esto hizo que ordenara que los enanos debían permanecer dormidos y ocultos hasta que los elfos hubieran aparecido.

Aulë fue el encargado de esconderlos por toda la extensión de la Tierra Media. El más importante de todos será conocido en un futuro con el nombre de Durin I, El Inmortal, aquél que levantó la majestuosa mansión de Khazad-dûm, conocida más tarde en el idioma de los elfos como Moria.

Puertas de Moria

Mientras ocurría todo esto, Melkor, que como recordaréis construyó la fortaleza de Utumno al norte de la Tierra Media, construyó al noroeste una segunda fortaleza, justo en el límite con Valinor, con el fin de mantener a los Valar vigilados y poder defenderse en caso de un ataque por su parte. Esta fortaleza fue bautizada con el nombre de Angband y estaba liderada por el segundo de Melkor, Sauron.

La única luz que se vislumbraba en la Edad de los Árboles era la que emitían los Dos Árboles de Valinor (por si quedaba alguna duda), y los Valar no querían que los elfos llegaran a un mundo bañado por las sombras, por lo que crearon las estrellas y las pusieron en el cielo, propiciando el inicio de una tenue luz en el mundo.

En este momento fue cuando los primeros elfos aparecieron en una zona situada al este de la tierra llamada Cuiviénen. Al principio se mantuvieron unidos y aislados del resto del mundo, viviendo su vida en pos de sus convicciones, pero los espías de Melkor rondaban toda la Tierra Media. Cuando éstos se encontraban por casualidad con los elfos, capturaban a los que podían y los llevaban a Utumno, donde Melkor se dedicaba a corromper sus mentes, convirtiéndolos así en los famosos orcos vistos en El Señor de los Anillos.

Primeros elfos

Oromë, uno de los Valar, se enteró de la llegada de los elfos. Fue a Valinor a informar  de esta noticia a sus compañeros y decidieron que si querían un mundo libre donde estas criaturas pudieran vivir libres y en paz debía marchar a la guerra contra Melkor. En esta contienda, Utumno fue destruída, Melkor atrapado y encarcelado en Valinor y Sauron desapareció sin dejar rastro.

El mismo Oromë, fue a buscar a los elfos a Cuiviénen para llevarlos hasta Valinor. Este viaje les costó años de peregrinaje hasta llegar a Beleriand, la tierra justo antes del mar. Los elfos contaban durante esa época con tres reyes: Ingwë, Finwë y Elwë. Los dos primeros partieron a Valinor con sus súbditos, pero el tercero desapareció justo cuando llegaron a Beleriand.

Primeros reyes elfos con los Valar

Algunos de sus elfos partieron hacia Valinor, abandonando a su rey a su suerte, pero unos pocos se quedaron, pues apreciaban a Elwë y no querían dejarle atrás. Al final lo encontraron y cuando lo hicieron se quedaron en esa tierra, convirtiéndose así Elwë en el rey de Beleriand. Decidió que un cambio de aires era merecedor de un cambio de nombre, ahora al rey Elwë se le conocería como Thingol. Su esposa, Melian, no era ni más ni menos que una de las Maiar (si recordáis, es un tipo de Ainur que vino a la Tierra Media en el Origen).

Mientras todo esto ocurría, en Valinor no perdían el tiempo. Finwë tuvo un hijo llamado Fëanor, pero su esposa fallece durante el parto. Después de este trágico suceso, se volvió a casar, y con su segunda esposa tuvo dos hijos más: Fingolfin y Finarfin. Estos tres hijos de Finwë no perdieron el tiempo, y dieron vida junto con sus esposas a quince hijos en total, dando la friolera de quince nietos a su rey. Todos aquellos elfos descendientes o bajo el gobierno de Finwë se denominaron Elfos Noldor.

Fëanor con los Silmaril

Hablemos ahora de Fëanor, el primero de los hijos de Finwë y el más poderoso de todos. Fue el creador de tres gemas de inmensurable poder que brillaban con luz propia, pues contenían en su interior el poder de los Dos Árboles. Se convirtieron en el orgullo de Fëanor y de todo el territorio de Valinor. Estas gemas recibieron el nombre de Silmarils.

Pasado el tiempo, los Valar decidieron que Melkor había aprendido la lección, pues llevaba largo tiempo encerrado a causa de sus actos. Decidieron que era una buena idea liberarlo. Pero lejos de reinsertarse en la sociedad de Valinor se redujo a un grupo en concreto, los ya mencionados Noldor. Con ellos, Melkor compartió gran cantidad de conocimientos sobre artesanía. Finalmente y gracias a sus argucias, consiguió ganarse la confianza de los hijos de Finwë.

Fëanor y Fingolfin

Lejos de aprender la lección, Melkor se sirvió de su relación con los Noldor para volverlos en contra de los Valar. Además, hizo que Fëanor se opusiera y amenazara a Fingolfin, su hermano. Este hecho llevó a los Valar a desterrar a Fëanor durante doce años fuera de Valinor. Acompañado de sus hijos y su padre, fue hacia el norte de la tierra de Valinor, donde creó una fortaleza para poder vivir en ella.

Los Valar, que no imaginaron de dónde podrían haber surgido tales disputas, descubrieron que no había sido otro que Melkor (lo soltaron antes de tiempo). Pero cuando quisieron atraparlo para hacerle pagar por sus actos ya había salido por patas de Valinor.

Durante su huida tomo el rumbo hacia el sur y allí se encontró con un ser vomitivo, grotesco y de pesadilla, una araña gigante devora luz (¿cómo subsiste un ser así de grande en un mundo donde reina la oscuridad? La respuesta es que lo hizo un mago). El bicharraco se llamaba Ungoliant y se aliaron con un fin bastante turbio (¿habrá alguna fuente de luz lo suficientemente grande para que le interese a Ungoliant mover el abdomen?).

La muerte de los Dos Árboles

Durante las festividades de Valinor, Melkor y Ungoliant aprovecharon que todo el mundo estaba de parranda para ir a hacer una visitita a los Dos Árboles. Ni corto ni perezoso, Melkor ensartó su lanza en los troncos de sendos árboles y de las heridas empezó a brotar la sabia. Ungoliant se puso las botas ese día con la sabia que borbotaba de aquellos troncos, dejándolos secos en poco tiempo. Los Dos Árboles había muerto. Pero la Edad de los Árboles continúa.

La luz de la que se gozaba en Valinor cesó y todo quedó de nuevo en tinieblas. Los Valar estaban que echaban humo. No solo les habían hecho desterrar a Fëanor y parte de los Noldor, sino que también destruyeron su fuente de luz, su orgullo. Van en busca y captura inmediata de Melkor, pero se vuelve a escaquear.

¿Y a dónde creéis que huyó?, ni más ni menos que a la fortaleza donde estaba Fëanor desterrado. Éste no se encontraba allí, pero sí estaba su padre, Finwë. Melkor lo pasó por el cuchillo sin mucho reparo perpetuando el primer asesinato nunca antes visto.

Melkor con los Silmaril

¿Pero para qué fue a la fortaleza de los Noldor desterrados? Fácil, ¿qué había creado Fëanor que era su orgullo y mayor obra? En efecto, Melkor robó los Silmarils y huyó con su octópoda aliada hacia el este, donde se encontraba la fortaleza de Angband.

Dime con quien andas y te diré quien eres, estaba claro que en algún momento, el artrópodo iba a causarle problemas a Melkor. Ungolinat le exigió, como recompensa por su inestimable ayuda, los Silmarils a Melkor. Éste, que no era estúpido, se negó en rotundo, lo que produjo una trifulca entre los dos.

Diréis: “pero, ¡qué va a hacer Melkor contra una araña gigante!”. Pues Melkor no hizo nada más que tener unos cuantos Balrogs en Angband esperando sus órdenes. Ungoliant tuvo que salir por patas hacia el sur, cualquiera le tose a un Balrog, como para toser a unos cuantos.

Ungoliant contra los Balrogs de Melkor

Tras la muerte de su padre, Fëanor es nombrado rey de los Noldor, y su primera medida es cambiarle el nombre a Melkor sin que él lo supiera. A partir de ahora sería conocido como Morgoth.

A Fëanor le corroía la sed de venganza, pues se habían cargado a su padre y le habían robado unas joyas de incalculable valor. Instó a los Noldor a abandonar Valinor y partir hacia la Tierra Media, donde dejarían de ser mandados de los Valar y podrían forjar sus propios destinos.

En la costa de Valinor se encontraban los barcos que necesitaban para volver a la Tierra Media, pero sus dueños, otros elfos que allí habitaban se negaron a darles los barcos. Fëanor no le dio muchas vueltas y comenzó la primera matanza que tuvo lugar en el mundo de elfos contra elfos en los puertos.

Cuando los Noldor acabaron con todos sus oponentes, apareció Mandos, uno de los Valar, que les maldijo a morir sin encontrar el descanso en la Tierra Media, además de avisarles que serían traicionados una y otra vez. Solo había un modo de librarse de tan aciago destino, y era someterse al juicio de los Valar. Fëanor seguía en sus trece, así que siguió adelante con su campaña, pero su hermano Finarfin recogió cable y volvió junto a unos cuantos Noldor arrepentidos con los Valar.

Matanza de los puertos de Valinor

Entre tanto, Fëanor, que no contó bien, se percató de que tenía mucho elfo para tan poco barco. Solo le quedaba una opción, coger rumbo norte pasando por una tierra inexplorada excepto por los Valar.

Pero dentro de la compañía de Fëanor existían opositores, pues la maldición de Mandos era tremenda ruina para su pueblo, y la mayoría pensaban que era culpa del orgullo de su monarca. Fëanor, ante esta situación, hizo lo que todo líder político haría. Cogió a sus súbditos que aún sentían lealtad hacia él, los metió en los barcos del puerto, y se fue de Valinor dejando allí a los insurrectos. Una vez en Beleriand, quemó los barcos, así se aseguraba que sus opositores no podrían darles caza.

Fingolfin fue nombrado líder de los Noldor de Valinor, un grupo bastante más numeroso que el que había seguido a Fëanor. Tenían dos posibles movimientos que llevar a cabo: o ver a los Valar y esperar su perdón, algo que no estaba asegurado; o jugarse el pellejo cruzando una tierra desconocida con un grupo enorme de elfos que probablemente palmaría en su mayoría si las condiciones se volvían adversas. Obviamente, Fingolfin le echó bemoles y optó por el camino largo y frío.

Igual lo habéis olvidado, pero ¿recordáis a los elfos que habían quedado atrás antes de ir a Valinor? Thingol era su rey y ahí seguían, vivitos y coleando. Pero no sin tener una fuerte oposición. Morgoth andaba por allí, y después de despachar a Ungoliant, se dedicó a asediar a los elfos de Thingol con un gran ejército de orcos. En la zona este del territorio se limpió a todos los orcos que aparecieron, pero en el oeste la tierra fue arrasada. Thingol pudo refugiarse en el bosque de Doriath, pero aquellos que vivían en la costa se vieron atrapados a causa de los estragos ocasionados por los orcos.

Thingol y Melian

En este punto aparecieron los Noldor dirigidos por Fëanor en Beleriand. Los orcos de Morgoth lanzaron una ofensiva desde Angband, pero los Noldor se los pasaron por el cuchillo sin mayores problemas. Los que consiguieron escapar lo hicieron hacia el este. Al observar una bonita masacre por parte de los recién llegados, los orcos que andaban destrozando y saqueando los puertos fueron a ayudar a sus compañeros al norte. De nada sirvió, el ejército de Fëanor acabó con casi todos.

No contento con haber mermado la población mundial de orcos de la Tierra Media, Fëanor fue a por aquellos que pusieron pies en polvorosa. Mala idea, pues huían hacia Angband, ¿recordáis lo que Morgoth escondía en Angband? Exacto, unos cuantos Balrogs. Fëanor era un rival temible, pero frente a los Balrogs el mayor de los guerreros palidecía, y así pasó, que el jefe de los Balrogs mató a Fëanor.

Fëanor contra el líder de los Balrogs

Mientras todos esto hechos tenían lugar en la Tierra Media, en Valinor crearon el Sol y la Luna para ponerlos en el cielo y así poder ayudar a los elfos espantando a los seres de Morgoth, los cuales preferían la oscuridad. El primer día que el Sol brilló en el cielo de la Tierra Media, Fingolfin y sus huestes llegaron al fin a Beleriand. Por el camino se dejaron a unos cuantos camaradas elfos, pero la realeza seguía intacta.

También, el primer día que el Sol se alzó, apareció en la tierra de Hildórien la raza que nos faltaba: los hombres. Este mismo día se considera el fin de la Edad de los Árboles y el inicio de la siguiente etapa el la línea del tiempo de la Tierra Media: la Primera Edad del Sol, la cual contaremos la semana que viene.

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